UN PEQUEÑO PRIMER AMOR
CUANDO ELLA APARECÍA en esos campos lejanos, era el sol que iluminaba en medio de tormentas. Venía de la ciudad con su cabello de un rubio claro hasta la cintura, tacos de aguja y ojos celestes. Se la veía hermosa y juvenil, además me observaba con dulzura, con amor y con una sonrisa que no terminaba jamás.

Yo no cabía en mí de felicidad, era ella la mujer que me daba la mayor de mis satisfacciones, por eso no hacia más que seguirla, admirándola, queriéndola, amándola.

Es que estar a su lado era un placer y yo sólo deseaba que me prestara toda su atención tal cual como yo lo hacía con ella que era lo mejor que yo tenía. Y cómo no sentirme orgulloso de ella, muy orgulloso.

Es que era linda, todos lo decían, y todos los de por esos lados querían conquistarla, pero ella era distinta, tenía otro mundo, otras expectativas, además yo era su vida, su razón de ser. Ella era mi mamá.

Hans Krempell